no le saca la vuelta a la ley

No hay poderes mágicos (*)

"Por acción o por omisión, generamos un ambiente hostil y peligroso. Debemos mirar la realidad y actuar, aunque duela".

Publicado: 2017-10-30


Un hashtag o un titular no pueden captar la complejidad de los problemas sociales. Es verdad. Pero pueden servir para poner en evidencia las brechas, los profundos desencuentros, que tenemos como sociedad. En estos días, la campaña #PerúPaísDeVioladores lo logró.

Con reacciones polarizadas que en algunos casos terminaron con insultos hacia quienes promovimos el hashtag, incluso con el posible efecto de llevarnos a la congresista Indira Huilca y a mí a la Comisión de Ética del Congreso, no me arrepiento de sumarme activamente a la campaña. Sé que es una afirmación dura, sé que duele. La primera vez que la oí también me sentí interpelada. Pero justamente ese es el objetivo, interpelarnos como una sociedad que, de distintas maneras, convive con la violencia hacia la mujer. No solo porque tenemos un alto número de violadores sexuales y de violadores de la integridad física o psicológica de las mujeres, sino porque tenemos un silencio cómplice. Por acción o por omisión, generamos un ambiente hostil y peligroso. Debemos mirar la realidad y actuar, aunque duela.

La opción de culpar a la víctima debe terminar. No se puede decir más, por ejemplo, que la razón por la que hay tantas niñas violadas es que las mujeres nos ponemos en escaparates (Juan Luis Cipriani). O que en algunos momentos, como prevención, es mejor evitar decir algunas cosas porque un hombre sano puede volverse violento (Maritza García). Esa culpa es lo que ha hecho que muchas mujeres no denunciemos. Que nosotras mismas callemos.

Las plataformas creadas por Ni Una Menos o por Las Respondonas han abierto un canal de catarsis. Varias mujeres contaron lo que habían callado. Pude leer a amigas contando historias que no conocía. Pude sentir su dolor. Llorar con ellas. Me permití a mí misma recordar cuando fui objeto de acoso en mi primer trabajo. Lo había “olvidado”, como muchas, para seguir con la vida.

Tampoco podemos seguir con la opción de cerrar los ojos. Decir que son casos aislados. Pensar que son algunos “malos elementos” y que lo que le hace daño al país es la afirmación “país de violadores”. Nadie afirma que todo hombre peruano es un violador, resulta absurdo pensar eso. Pero lo que sí le hace daño al país es que aquí se viola, golpea e insulta a las mujeres todos los días y con un índice alarmante.

Mientras escribo, una mujer está siendo violada. Sí, en las tres horas que me tomo en pensar y redactar este artículo una chica, probablemente de 12 años, está siendo violada. Tal vez por su padre o por su tío o por su profesor. Hoy 62 mujeres serán violadas en su libertad sexual y en 25 de los casos se habrá consumado la violación sexual. El día del censo, que debía ser una jornada cívica, una mujer de 37 años se sumó como voluntaria y terminó violada sexualmente, pero también en su integridad psicológica al tener que escuchar que el perpetrador –y algunos infelices en redes sociales– sostiene que como “no gritó” no fue una violación. Parece que nos olvidamos que, junto al riesgo de ser violadas, podemos terminar con la cara desfigurada por violencia física o incluso terminar muertas. El miedo es inmenso y muchas veces paraliza.

Cerrar los ojos es pensar que hay poderes mágicos que cambiarán la realidad. Podemos recitar: “No importa la hora ni el día/ se cierran los ojos/ se dan tres golpes con el pie en el suelo/ se abren los ojos”, pero el final del poema es “y todo sigue exactamente igual”.

Muchas mujeres, también hombres, hemos decidido actuar aunque nos cueste. Ayúdanos.

(*Publicado en el diario El Comercio 30.10.17)


Escrito por

marisaglave

Socióloga, Activista por el Nuevo Perú, Congresista de la República


Publicado en

Marisa Glave

Blog oficial